La odisea de quedarse sin transporte público en la región
El recorte de frecuencias en la línea 88 ha vuelto a poner en evidencia la vulnerabilidad de cientos de vecinos, trabajadores y estudiantes de la región que dependen exclusivamente del transporte público para cumplir con sus obligaciones diarias. Quienes se desplazan entre Lobos, Cañuelas y Uribelarrea se encontraron de la noche a la mañana con un esquema que apenas contempla dos servicios diarios, destruyendo por completo la rutina de docentes, estudiantes de institutos locales y pacientes que asisten a turnos médicos. Esta repentina quita de prestaciones no hace más que profundizar el aislamiento de las localidades periféricas, donde las alternativas de movilidad privada —como las combis— resultan económicamente inaccesibles para salarios que ya se encuentran por debajo del mínimo, obligando a los usuarios a afrontar costos desproporcionados solo para poder ir a trabajar o estudiar.
La problemática, sin embargo, no es nueva, sino que arrastra un trasfondo histórico de desinversión, falta de regularización y un deterioro constante de las unidades que los usuarios padecen desde hace años. A pesar de ser un corredor vital para el desarrollo académico y el polo gastronómico de la zona, los pasajeros denuncian que la falta de controles eficientes ha permitido que la empresa opere con deficiencias estructurales crónicas. La situación actual se ha tornado insostenible con la quita de subsidios, un escenario en el que el sector empresario prioriza la rentabilidad financiera por sobre la función social del transporte.
Ante este panorama, los vecinos y trabajadores han comenzado a organizarse para visibilizar el reclamo y exigir la intervención de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT). Milagros Acosta, una de las trabajadoras afectadas que impulsan la campaña de denuncias colectivas charlo con la 102.9 y sintetizó «…en el transporte público siempre se viajó mal, nunca se viajó bien… Si nosotros no visibilizamos esta situación, vamos a quedar sin respuestas». Mientras tanto, la comunidad permanece en estado de alerta, esperando que los proyectos presentados a nivel municipal logren restablecer un servicio esencial que nunca debió ser recortado.



