UNLPinvestiga: Qué nos dicen los peces sobre el futuro del Río de la Plata

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PESCADO

PRENSA UNLP/ Bajo las aguas del Río de la Plata se esconde un universo vibrante y poco conocido que funciona como un termómetro exacto de la salud de nuestro ecosistema. Científicos de la Universidad Nacional de La Plata descubrieron los factores que determinan cuándo y dónde habita cada especie de pez en el sector de agua dulce del Río de la Plata. El hallazgo aporta información clave para comprender mejor a uno de los ecosistemas de agua dulce más importantes de Sudamérica y anticipar cómo responderá frente al cambio climático y la presión humana.

El resultado fue uno de los estudios más completos realizados hasta ahora sobre la estructura de la comunidad de peces en el Río de la Plata, más precisamente en una porción de 30 km de su Franja Costera sur, un ambiente estratégico porque representa el límite austral de distribución de numerosas especies de peces neotropicales. El equipo de investigadores que participó del proyecto liderado por el Dr. Tomás Maiztegui pertenece al Instituto de Limnología «Dr. Raúl A. Ringuelet» (ILPLA), dependiente de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP y del CONICET y docente de la cátedra de Anatomía Comparada de la Facultad.

El trabajo no sólo amplía el conocimiento y ofrece herramientas para comprender cómo podría modificarse este ecosistema frente al cambio climático, la contaminación y el creciente impacto de las actividades humanas desde la variación de la comunidad de peces.

Para reconstruir esa dinámica, el equipo llevó adelante campañas de muestreo durante distintas estaciones del año. El esfuerzo permitió registrar 17.952 ejemplares de peces pertenecientes a 49 especies, una de las bases de datos más completas obtenidas para el sector costero del Río de la Plata. Los resultados son fascinantes: el río está dominado por especies como el bagre porteño (Parapimelodus valenciennis) y la mandufia (Ramnogaster melanostoma), piezas clave que se alimentan de plancton.

Sin embargo, el objetivo iba mucho más allá de elaborar un inventario. Los investigadores querían entender por qué algunas especies aparecen en determinados lugares y otras no, cuáles son las variables ambientales que explican esa distribución y cómo cambia la comunidad de peces a lo largo del año.

El Río de la Plata no es solo un cuerpo de agua; es la frontera meridional para la mayoría de los peces neotropicales. Según explica Maiztegui: «comprender las variaciones espaciales y temporales de la estructura del ensamble de peces es esencial frente a los escenarios climáticos previstos y el creciente impacto de las actividades humanas, que están empujando a los ecosistemas más allá de su equilibrio natural, es urgente».

Los resultados mostraron que la profundidad del agua es el principal factor que organiza la vida de los peces bajo la superficie. A esa variable se suman la transparencia del agua y la temperatura, que también condicionan qué especies pueden desarrollarse en cada ambiente y en cada estación del año.

El estudio reveló que las zonas menos profundas (1,5 metros) funcionan como verdaderas guarderías naturales para individuos juveniles y especies de peces pequeños que encuentran refugio contra posibles depredadores, señala Maiztegui. En contraste, las zonas más profundas (3 metros o más) son el dominio de los grandes cazadores, como el chafalote (Rhaphiodon vulpinus) y la piraña (Pygocentrus nattereri), durante las estaciones cálidas. Esa distribución no es casual. Forma parte del delicado equilibrio ecológico que permite la convivencia entre organismos con distintas estrategias de alimentación y diferentes tamaños corporales.

 

La vida en el Río de la Plata no es estática. El estudio documentó cómo la temperatura del agua actúa como un interruptor biológico que modula las migraciones de peces. Mientras que algunas especies están presentes todo el año, otras aparecen y desaparecen con el frío o el calor.

 

Maiztegui observa que la estacionalidad térmica es uno de los principales disparadores ambientales que modulan la migración de los peces en la Cuenca del Plata. «Ganar conocimientos más profundos sobre cómo la temperatura afecta a los peces neotropicales es crucial para predecir alteraciones en su abundancia y distribución», advierte el investigador de la UNLP en relación al calentamiento global.

 

La huella de la actividad humana

El trabajo también puso la lupa sobre otro aspecto fundamental: el impacto de las actividades humanas, particularmente las descargas cloacales.

Los investigadores evaluaron cómo influye la cercanía de los puntos de descarga de efluentes cloacales y urbanos sobre la ictiofauna del Río de la Plata.

Aunque la profundidad y las características naturales del ambiente continúan siendo los factores más importantes, los resultados muestran que la contaminación también modifica la composición de las comunidades de peces.

Algunas especies asociadas a ambientes alterados fueron más frecuentes cerca de las descargas, una señal de que los cambios provocados por la actividad humana ya forman parte de la dinámica del ecosistema. En las zonas influenciadas por el vertido, se observó un incremento de especies omnívoras y detritívoras, como el sábalo (Prochilodus lineatus), que se adaptan mejor a entornos con exceso de materia orgánica. «Los efectos de las aguas residuales se evidenciaron por el incremento de Characiformes omnívoros y detritívoros, resaltando el impacto de la actividad humana en el ecosistema», afirma Maiztegui, subrayando que esta contaminación genera un impacto regional que se dispersa con las mareas.

Comprender cómo se organiza hoy la biodiversidad permite anticipar cómo podría cambiar mañana.

El aumento de la temperatura global, las modificaciones en los caudales de los grandes ríos y la creciente presión sobre los ambientes acuáticos podrían alterar la distribución de muchas especies durante las próximas décadas.

Por eso, el conocimiento generado por la UNLP constituye mucho más que un avance académico. Se transforma en una herramienta para planificar estrategias de conservación, proteger la biodiversidad y mejorar la gestión de uno de los sistemas fluviales más importantes de América del Sur.

Los autores sostienen que estos resultados representan una base para futuras investigaciones de largo plazo que permitan seguir la evolución del ecosistema y evaluar los efectos del cambio climático y de las actividades humanas sobre las comunidades de peces.

Entender cómo funciona el Río de la Plata significa conocer mejor uno de los ambientes más valiosos del país. Significa producir información para cuidar la biodiversidad, preservar recursos naturales y tomar decisiones basadas en evidencia científica.

Porque debajo de esas aguas marrones que parecen siempre iguales existe un mundo dinámico y complejo. Y gracias al trabajo de los investigadores de la UNLP, hoy conocemos un poco más de las reglas que organizan esa vida invisible.

La Plata, 4 de agosto de 2026

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