Medio Ambiente

El Bosque Atlántico y el Gran Chaco: dos de las ecorregiones más amenazadas del planeta.

PRENSA AGENCIA INNCONTEXT/ El Bosque Atlántico, compartido por Argentina, Brasil y Paraguay, se enfrenta a una grave crisis de deforestación y degradación. Se trata de una de las ecorregiones más amenazadas del planeta y alberga una riqueza biológica única: contiene el 7% de las especies de plantas y el 5% de las especies de animales vertebrados del mundo. Originalmente cubría 1.345.300 km2. Sin embargo, en los últimos 40 años fue reducido significativamente – debido a la deforestación, urbanización, producción – y hoy queda sólo el 17% de los bosques originales.

Los tres países aún enfrentan desafíos para la conservación de la ecorregión, siendo la restauración del paisaje una oportunidad para aumentar la cobertura forestal y mejorar la calidad de vida de las personas.

Por su parte, el Gran Chaco se trata de la ecorregión boscosa más extensa del continente americano después del Amazonas. Se extiende en gran parte de Argentina, Paraguay, Bolivia y una pequeña porción de Brasil. Sin embargo, el Gran Chaco se encuentra seriamente amenazada: es uno los sitios con mayor deforestación del mundo y niveles más altos de degradación.

Desde hace más de un siglo esta región enfrenta la pérdida sostenida de su patrimonio natural y cultural principalmente por el cambio de uso del suelo para producción agropecuaria y forestal y negocios inmobiliarios, causando deforestación, conversión y degradación de sus ambientes naturales, desplazamiento y empobrecimiento de las comunidades indígenas, extinción de especies y pérdida de los servicios ecosistémicos. En Argentina, ya se han perdido más del 30% de los bosques chaqueños y, a pesar de contar con la Ley de Bosques, entre los años 2007 y 2021, el 76% de la deforestación fue ilegal.

Fundación Vida Silvestre Argentina trabaja en ambas ecorregiones en proyectos de conservación y restauración, tanto de la selva misionera como de los bosques chaqueños, junto con la sociedad local y gobierno, con el objetivo de lograr la protección y el manejo responsable de los recursos naturales y compatibilizar los planes de desarrollo regional con la conservación de la biodiversidad.

La deforestación genera graves consecuencias sociales, ambientales y económicas: contribuye a intensificar el cambio climático, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero; reduce el hábitat para especies animales y vegetales, fomentando su extinción; dificulta la capacidad de los suelos de regular excedentes de agua y propicia la aparición de enfermedades infecto contagiosas de origen animal. Además, la deforestación atenta gravemente contra el sustento de las comunidades locales, la seguridad alimentaria y el desarrollo económico.

Según datos de la ONU, la innovación y la tecnología desempeñan un papel crucial en el control y monitoreo forestal, y permiten a los países informar eficazmente sobre el estado de sus bosques. Esto contribuye a una reducción significativa de las emisiones forestales de dióxido de carbono, mostrando la eficacia de sistemas innovadores y transparentes de seguimiento forestal.

“Estamos en deuda con nuestros bosques y es una cuenta que debemos saldar” afirma Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina. “Es de suma importancia priorizar la protección de los bosques pensando en el presente y el futuro de las comunidades locales, así como el de la sociedad en general. Para ello necesitamos la asignación de los fondos y los recursos correspondientes, y su correcta aplicación”.

 

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