Crisis del Agua en Lobos: ¿quieren reactivar la planta de ósmosis inversa de Zapiola?

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El Municipio de Lobos, acorralado por fallos que exigen agua segura, busca reactivar una Planta de Ósmosis Inversa (la cual funcionó desde el año 2015)  «olvidada» en Zapiola. La versión extraoficial genera escepticismo: ¿alcanzará para paliar el arsénico y los agroquímicos, o es solo una maniobra de imagen para la Justicia?

La última novedad, es que se estaría planeando desmantelar y trasladar a la ciudad cabecera una Planta de Ósmosis Inversa que permaneció inactiva y guardada en Zapiola durante años.

Si bien la tecnología de ósmosis inversa es fundamental para purificar el agua de contaminantes como el arsénico, la medida levanta serias dudas en la comunidad y en los sectores que siguen de cerca la problemática ambiental.

¿Capacidad real o intento político?
El principal interrogante es si un equipo que estuvo guardado durante años y cuyo diseño original podría no haber sido pensado para la actual magnitud de la crisis hídrica, tendrá la capacidad real y suficiente para potabilizar el agua de toda la población de Lobos y cumplir con los parámetros exigidos.

Luego de recibir fallos judiciales adversos que sancionan la «poca o nula actividad» del Municipio para resolver la contaminación, y que lo obligan a garantizar agua potable (como lo destacó Clarín y Página/12), la movida de la planta podría ser interpretada como un intento político desesperado.

El objetivo sería, más que una solución de fondo, mostrar a la Justicia y a los vecinos un «supuesto gobierno de buenas intenciones» para mitigar las sanciones y la imagen negativa, sin encarar una política ambiental y de inversión integral.

La exigencia vecinal:

Solución de fondo, no parches

La lucha de los vecinos, que impulsaron el amparo colectivo, no solo se centra en la provisión de bidones, sino en una solución definitiva que garantice un agua «libre de agrotóxicos y arsénico». Los estudios de laboratorio que confirman la contaminación (cubiertos ampliamente por FM Reencuentro) son un llamado de atención sobre la salud pública.

La posible reactivación de la planta de Zapiola, aunque bienvenida como acción, no detiene las preguntas:

¿Por qué este equipo no se utilizó antes, sabiendo el riesgo de arsénico en el distrito?

¿Se realizará una inversión adicional para adquirir la capacidad de purificación que Lobos realmente necesita?

¿Se están tomando medidas para controlar el origen de la contaminación por agroquímicos?

La comunidad de Lobos exige transparencia y una solución que priorice la conciencia ambiental y la salud pública por encima de las urgencias políticas y las estrategias para evitar sanciones.

 

 

 

 

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