El riesgo que trabajar y producir dejen de alcanzar
POR SEBASTIÁN BORDA- El laburante necesita comer, trasladarse, sostener a su familia y sentir que su esfuerzo le permite progresar. El empresario pyme necesita vender, cubrir sus costos y obtener una ganancia que justifique invertir y asumir riesgos. Cuando esas dos cuentas dejan de cerrar, el malestar económico puede convertirse en una demanda política de cambio.
Los números ayudan a entenderlo. En septiembre de 2026, una familia de cuatro integrantes del Gran Buenos Aires necesitó más de $1,7 millones para cubrir la canasta básica total. Solamente la alimentación demandó casi $800 Mil pesos mas del 50% según el INDEC. Cubrir ese piso deja pendiente la posibilidad de ahorrar, afrontar un imprevisto o mejorar la vida familiar.
La inflación más baja no resuelve automáticamente esa dificultad. En los últimos doce meses, la canasta alimentaria aumentó mas del 40%, frente al 33,4% del índice general. Y en septiembre, vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron 3,1%, por encima del 1,9% promedio.Cuando lo indispensable se encarece más, el bolsillo tiene menos margen para acomodarse.
Del otro lado del mostrador está el pequeño empresario, que muchas veces trabaja junto a sus empleados y depende del negocio para mantener a su propia familia. A sus gastos personales se suman los salarios, los impuestos, los servicios y la reposición de mercadería.
CAME informó que las ventas minoristas pyme de septiembre crecieron apenas 0,3% frente al mismo mes del año anterior, pero todavía acumulaban una caída de 2,1% en los primeros nueve meses de 2026. Además, comerciantes de indumentaria y calzado declararon haber vendido con pérdidas para conseguir efectivo; si vender a Perdidas. Es una situación fácil de reconocer: hacer promociones, mover mercadería y juntar plata para pagar, aunque al final quede poco o nada de ganancia.
No hay crédito para producir o capital de trabajo; aunque el crédito tampoco siempre permite atravesar ese problema. La encuesta del BCRA del tercer trimestre registró mayores exigencias para aprobar préstamos a las pymes y restricciones en los montos, los plazos y las garantías. Para una empresa, conseguir financiamiento sirve si puede devolverla con lo que espera ganar.
La conexión es directa: lo que una familia deja de comprar se convierte en la venta que le falta a un negocio. Cuando esa situación se prolonga, la empresa pierde margen para invertir, contratar y mejorar remuneraciones. El trabajador y el pequeño empresario terminan atrapados en una misma dificultad: mucho esfuerzo y pocas posibilidades de progresar.
Ahí está el riesgo electoral para Milei. La estabilidad necesita convertirse en una mejora que se pueda reconocer en la mesa familiar y en la cuenta del negocio. La paciencia puede sostenerse mientras exista una expectativa creíble de progreso; se vuelve más frágil cuando trabajar solamente permite llegar al próximo vencimiento.
Estos datos no determinan una derrota electoral. Sí muestran el desafío: que el trabajador pueda vivir de su sueldo y que la pyme pueda sostenerse y crecer con lo que gana.Si esa mejora no llega, también puede agotarse la voluntad de seguir esperando.
