«Estuve dos años y cuatro meses encerrado por algo que no hice»

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entrevista - bebo atencio

«Estoy un poco más aliviado, pero a la espera de que pasen estos últimos días para que quede firme», expresó Atencio al iniciar la charla. Al recordar el tiempo transcurrido tras las rejas por una causa de robo agravado en un establecimiento rural que jamás cometió, señaló con indignación: «Estuve dos años y cuatro meses encerrado por algo que no hice. La alerta y la incertidumbre de no saber qué puede pasar te marcan para siempre».

Consultado sobre las razones que lo convirtieron a él y a sus familiares en blanco de una investigación judicial —sostenida únicamente en testimonios vagos y sin pruebas concretas—, «Bebo» no dudó en apuntar a una maniobra para descomprimir la presión social ante una serie de delitos rurales. «En ese momento había una pandemia de robos en los campos. Quisieron calmar el ruido y nos nombraron a nosotros para conformar, pero después de meternos presos siguieron los robos con la misma modalidad y se olvidaron de que teníamos una familia y una vida en Lobos».

Asimismo, cuestionó la forma en que los medios y las autoridades manejaron su detención inicial: «A nosotros nos expusieron y denigraron públicamente con nombre, apellido, dirección y edad, mientras que en otros operativos se resguarda la identidad. Eso fue muy grave, y con mis abogados evaluaremos qué medidas tomar. A mí la plata no me interesa; prefiero que reconozcan públicamente que se equivocaron y pidan disculpas».

Al borde de la emoción, Atencio recordó el día en que debió despedirse de su madre: «Fue la parte más dura. Me trajeron con oficiales apuntándome con un FAL, tuve apenas veinte minutos para despedirla. Ni ella ni yo nos merecíamos una despedida así. Me tocó atravesar el fallecimiento de mi mamá estando solo en una celda, y eso es algo horrible que no se borra con nada».

Pese al dolor, destacó el sostén incondicional de sus hijos, de su pareja y el respaldo de gran parte de la comunidad que impulsó marchas pidiendo su libertad. También tuvo palabras de profunda gratitud hacia sus defensores, los abogados Agustín Aguilera y Juan Cisneros: «Lo dieron todo por nosotros, y gran parte de que hoy esté afuera es gracias al trabajo incansable que hicieron».

Hoy, enfocado en recuperar el tiempo perdido, Bebo divide sus días entre la labor municipal, las changas particulares vinculadas a la gasfitería, la plomería y la reciente capacitación en aire acondicionado, además de encontrar un espacio de cable a tierra jugando al fútbol con amigos.

Ante la pregunta de si aún cree en la justicia, respondió con cautela: «Por parte sí, por parte no. Hoy no sabría decirte qué es la justicia. Pero sé que en esta vida nadie se va sin pagar el daño que hizo, de una u otra manera todo se acomoda. Yo sigo caminando con la frente en alta, porque sé quién soy y cómo me criaron».

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