Un estudio argentino detectó microplásticos en saquitos de té, yerba y café

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microplásticos en el té y la yerba

Cuando preparamos una infusión caliente, el agua no solo extrae el sabor y los aromas de la hebra o el grano, sino que también puede incorporar miles de partículas invisibles. Una investigación preliminar llevada adelante por científicos de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y el CONICET reveló la presencia de microplásticos en los saquitos de principales marcas comerciales de yerba mate, té y café que se comercializan en el país.

El trabajo, dirigido por el doctor Javier Montserrat —profesor titular del Área de Química de la UNGS e investigador del CONICET—, comenzó a partir del encargo de una empresa que buscaba certificar que sus productos no contenían polímeros de adición, como polietileno o polipropileno. Sin embargo, al extender los análisis de forma independiente a otras marcas líderes del mercado nacional, el equipo confirmó que la gran mayoría libera materiales plásticos al entrar en contacto con el agua caliente.

¿Qué revelan las mediciones?

Según detalló Montserrat, en los saquitos de yerba mate y té pertenecientes a las marcas comerciales más masivas del país se detectaron microfibras de polietileno. En el caso del café en saquitos, el panorama se repite.

El relevamiento permitió estimar que, al simular la preparación de una infusión a 90 °C durante tres minutos, se liberan entre 300 y 500 microfibras de plástico por saquito, con tamaños que oscilan mayoritariamente entre los 100 y los 500 micrones. No obstante, los especialistas advierten que podría existir una cantidad aún mayor de partículas de menor tamaño capaces de atravesar membranas celulares, aunque su identificación exacta requiere de instrumentación más compleja.

El fenómeno no es exclusivo de la Argentina. A nivel global, la problemática viene siendo debatida en la comunidad científica. Estudios internacionales de referencia —como revisiones publicadas en Current Research in Food Science— han señalado que la exposición de saquitos con componentes plásticos (como polipropileno no tejido o nailon) a altas temperaturas acelera el desprendimiento de miles de partículas por taza. En paralelo, ensayos de laboratorio en Europa ya demostraron que estas partículas pueden ser incorporadas por células intestinales humanas, abriendo interrogantes sobre sus posibles efectos a largo plazo en la salud humana, aunque todavía se trata de un campo en investigación.

Vacío regulatorio y alternativas

Actualmente, no existen legislaciones a nivel nacional ni internacional que establezcan niveles máximos permitidos de microplásticos en los alimentos. Mientras que en la Unión Europea se impulsan normativas estrictas —como el nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases (PPWR), que exige que los saquitos sean 100% compostables en condiciones industriales—, en la Argentina los materiales en contacto con alimentos se rigen por normativas que los especialistas consideran desactualizadas frente al avance de la contaminación por plásticos.

A pesar del panorama, el equipo de la UNGS identificó excepciones en el mercado local e internacional que no presentaron microplásticos de polietileno en sus estructuras, tales como la marca de yerba Cósmico (que utiliza componentes como celulosa y ácido poliláctico como sellador) y opciones importadas como Wally’s tea Patagonia, Akbar y Lipton.

Los investigadores continúan avanzando en el desarrollo de herramientas de certificación para ofrecer a la industria alimentaria un control riguroso sobre este contaminante invisible que ya forma parte de nuestra mesa cotidiana.

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